El propósito de tu vida.
Descubrir para qué nacimos nos da una razón por la que vivir. Hay una gran diferencia entre "tengo que hacer algo" o "voy a hacer esto que tiene sentido para Dios y para mí".
Podemos hacer mil cosas a lo largo de nuestra existencia, pero aún así sentirnos vacíos si no conectamos con algo mayor que lo temporal. Ese objetivo trascendente viene de Dios. Es por eso que buscar e intentar cada día acercarnos más y conocer más a Dios, y estar en su presencia, nos acerca a ese conocimiento de qué es lo que Él tiene preparado para alcanzar nuestra meta en su plan divino.
En Juan 4:34, Jesús dijo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.”
Anhelar lo material, terrenal o temporal sirve solo para satisfacer una necesidad inmediata. Lo cual no está mal, pero si pasada esa necesidad cubierta seguimos sin tener una dirección, un sentido en nuestra vida, estaremos haciendo cosas repetidamente equivocadas y seguiremos con el vacío en nuestro alma y espíritu. Sin embargo, cuando nos dejamos guiar por Dios, todo nos llena y nos lleva a crecer en todos los aspectos de la vida.
Jesucristo lo advirtió: "No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?. Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." Mateo 6:31-33.
No te pases la vida agobiándote por algo que nunca va a provocarte la satisfacción que tú pensaste que te iba a dar. No anheles casa, pareja, empleo, dinero, fama,... única y principalmente, pues lo conseguirás y te seguirás sintiendo vacío. No necesitamos tantas cosas para ser felices. La sociedad cada vez nos crea más necesidades y cada vez nos facilita supuestamente la existencia, pero lo cierto es que cuanto menos necesitamos, menos frustración sufrimos. Cuántas estrellas de cine, gente famosa, ha conseguido todas esas cosas y siguen anhelando siempre más porque siguen vacías y su vacío es cada vez mayor porque no han entendido que el que llena el alma es Dios, nuestro Creador. Sin propósito divino no hay sentido en nuestra vida.
Nuestra sociedad informa continuamente de enfermedades mentales como la depresión y la ansiedad, que van creciendo a medida que el mundo se hace más materialista y más individualista. Los suicidios crecen y cada vez afectan a generaciones de menor edad. Esto debería hacernos reflexionar si el planteamiento de la sociedad actual va por buen camino. Si no educamos en principios rectos a nuestros hijos, a los niños y jóvenes que nos rodean, si no vivimos dando un ejemplo correcto ante ellos, llegan a sentir una pérdida de valores tan grande que no tienen ninguna referencia en su entorno y acaban sintiéndose perdidos y abocados a situaciones de soledad, incomprensión y desesperación. Dios nos llama a proclamar su Palabra de esperanza a los que hemos hallado su Verdad y a los que sabemos y creemos que Jesucristo es el único Camino para encontrar Paz y Vida Eterna.
Juan 10:10 "...yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia."
Existen tres niveles de vida: vivir para subsistir, vivir para disfrutar y vivir para trascender.
Subsistir y disfrutar es parte de nuestra existencia pero como seres creados por Dios, como hijos suyos, tenemos un propósito más elevado: servir al propósito para el que nos creó.
Jeremías 1:5 "Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones."
Así hay muchos ejemplos de que Dios formó a cada uno de nosotros y nos escogió para un determinado propósito en su plan divino.
En Lucas, capítulo 2, leemos cómo Simeón y Ana, dos ancianos, cuando cumplieron el propósito de sostener a Jesús en sus brazos y presentarlo ante Dios, sintieron tal plenitud que dijo él: "Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz."
David, antes de ser ungido por el profeta Samuel como rey de Israel, cuidaba ovejas. Desde entonces, tenía claro el destino al que tenía que llegar, y ello le dio fuerza, fe y victoria para conseguir lo que Dios le propuso, a pesar de sus múltiples vicisitudes.
Esther disfrutaba en el palacio de las bondades de ser reina hasta que Mardoqueo le dijo que su propósito era interceder para salvar al pueblo judío.
Dios no te trajo al reino solo para lucirte o para auto vanagloriarte de ti mismo, sino para predicar la Palabra y salvar almas para la vida eterna, para rescatar a tus seres queridos del infierno y también a las personas que tienes alrededor donde vives, donde trabajas. Deja la preocupación por la imagen, la estética. Dice la Palabra que andamos por fe y no por vista. Tienes un llamado. Un obstáculo grande para cumplir el propósito de Dios hoy día son las redes sociales, han creado un monstruo que es el ego y han llenado al ser humano de vanidad. No te acostumbres a vivir sin objetivo pensando en ver televisión o en tomar café, solamente,...fuiste escogido por Dios para algo mayor y más trascendente.
Si somos hijos de Dios tenemos una responsabilidad de seguir el legado de Jesucristo peleando las batallas que se nos presentan en la vida, ayudando a necesitados, sanando enfermos y calmando a los afligidos de espíritu, transmitiéndoles consuelo y la esperanza de la vida eterna. No podemos callarnos.
La iglesia o el creyente debe tener claro el enfoque y la visión de Jesucristo, el cual dio su vida para salvarnos.
Muchas veces estamos más centrados en lo terrenal que en lo espiritual. Dejemos las distracciones que solo entretienen pero que no nos alimentan el alma ni el espíritu y dediquémonos a pensar como Dios quiere que pensemos.
No te preocupes por el pan de cada día pues eso es supervivencia. Trabaja y esfuérzate por buscar y repartir el pan que da vida eterna que es la fe en Jesús. No te muevas por conseguir lo terrenal y da más valor a lo eterno.
No cambies como Esaú tu primogenitura o tu identidad como hijo de Dios por un plato de lentejas. Seguir lo eterno tiene muchas ventajas. Te diré varias:
-Longevidad. Moisés empezó su asignación o propósito para guiar al pueblo judío a la Tierra Prometida a los 80 años; Caleb a los 85 también fue llamado; Ana y Simeón en sus 80.
Proverbios 4:18 «Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto».
-Victoria. La vida del cristiano es impredecible pero llena de bendiciones.Si Dios ordena tus pasos, siempre te irá bien.
Romanos 8:28 «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados».
-Descentralización. Cuando estás ocupado en los planes de Dios, ya no eres el centro del universo y tus propios problemas son relativos. Tú ya no eres el protagonista de tu vida, sino Dios. Su plan dirige tus pasos, tu egocentrismo se esfuma. El que está centrado en sí mismo no está en el propósito de Dios. Reoganizas tus prioridades. Pablo tenía clara su meta. Tras conocer al Señor, su vida dio un giro radical y solo se centró en llegar a la meta que Dios le puso.
-Resistencia. Ya dijo el Señor Jesús que en el mundo tendríamos aflicción, pero también nos dio la victoria sobre cualquier situación. Tu dolor y tus cicatrices encuentran un sentido cuando tu perspectiva es puesta en ese propósito de Dios. Jesús, Pablo, David, José y tantas personas sufrieron con gozo cumpliendo su propósito para Dios.
Proverbios 24:16 «Porque siete veces cae el justo, y vuelve a levantarse; mas los impíos caerán en el mal».
-Autoestima. Vivir cumpliendo tu objetivo divino te hace sentir útil aunque no imprescindible, pero sí eres un instrumento para cumplir el propósito de Dios y adquieres y eres consciente de ese valor ante él hasta la muerte. No solo te ayudas a ti mismo, sino a tu familia, a la gente que te rodea, al recibir la esperanza a través de tu proclamación del evangelio, que es el pan de vida y también de tu ejemplo llevando una vida recta ante Dios. Invertir en Dios es igual a invertir en las personas. El concepto de la muerte cambia también. Pierdes miedo porque tu esperanza está más allá de este mundo y crees en la vida que nos tiene prometida el Señor.
Filipenses 1:2º «Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia».
Abre tus ojos y tu corazón para que puedas encontrar cuanto antes tu propósito por el cual naciste, pues es preferible gastarse por algo eterno que oxidarse sin intentarlo.
Hechos 20:24 «Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios».