Pentecostés: España unida en Fe y Esperanza
Este sábado día 13 de junio, la comunidad evangélica de las Asambleas de Dios de España (ADE), ha acudido a la cita para celebrar unánimes y con un mismo sentir, la proclamación de la promesa del derramamiento del Espíritu Santo. Nos unimos como un solo cuerpo para clamar por nuestra nación, anunciando Esperanza y Vida.
Sobre las 11:00 de la mañana, las puertas del Pabellón Fernando Martín de Fuenlabrada (Madrid) se abrieron para recibir a miles de hermanos de iglesias de la fraternidad de diferentes partes de España, donde también tuvo presencia El Hogar Cristiano Internacional de Alcalá de Henares, aportando ayuda y voluntariado en distintas áreas como atención de acceso, entrega de comida, cafetería, etc.., disfrutando de ver unidas a las distintas iglesias en servicio para la obra de Dios.
A las 9 de la mañana ya había personas de todas las edades y nacionalidades con un corazón expectante ante lo que se avecinaba, sentir la presencia de Dios. El calor exterior quedó “a la sombra”, refrescado por el fuego del Espíritu Santo, que hizo vibrar el pabellón con la alabanza y levantó un continuo clamor a Jesucristo, siendo el centro de cada canción, cada predicación y cada gesto.
Durante siete horas consecutivas, todo el pabellón al completo se transformó en un altar de adoración. La música fue un puente hacia la presencia de Dios: diferentes y destacados vocalistas, junto a un grupo de flamenco, elevaron alabanzas que hicieron vibrar el recinto, fusionando nuestra cultura con la pasión por el Reino. La predicación de los pastores estuvo dedicada por entero al Espíritu Santo como no podía ser de otra manera. El fervor de los asistentes llenó el estadio y se proclamó a una sola voz el nombre de Jesucristo y el poder de su Espíritu Santo, declarando un avivamiento sobre España entera.
Fue una jornada que nos unió en fe, renovando nuestra esperanza y llenándonos de un enorme gozo a todos los asistentes, para la gloria de Dios.
Predicación: “Ríos de Agua Viva”.
Para continuar con este periodo de búsqueda del Espíritu Santo, el domingo 14 de junio, hemos continuado con el mismo espíritu de búsqueda de la presencia del Espíritu Santo en la sala 15 de OCINE en el centro comercial de "Quadernillos", nuestra actual sede.
Bajo el refrescante título: "RÍOS DE AGUA VIVA", el pastor gaditano Kike Moreno impartió un mensaje directo al corazón, basado en las palabras de Jesús en Juan 7:37-38:
«En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva».
El pastor nos recordó que Pentecostés no es un ritual ni solo una manifestación externa, sino Dios llenando vidas vacías y secas por dentro. Todos necesitamos buscar a Dios diariamente para no secarnos, y Cristo es la fuente inagotable de Vida.
Hoy en día, muchos han dejado de tener sed espiritual y buscan fuera lo que solo pueden encontrar dentro, olvidando que Jesús es la Roca verdadera. Jesús hoy nos sigue diciendo a través de Su Palabra, que es eterna: "Ven a mí", invitándonos a cambiar la religión por una relación diaria y continua.
La obra del Espíritu Santo: de dentro hacia afuera
Jesús prometió, antes de irse con el Padre, que sería derramado en nuestro corazón el Espíritu Santo. Pero hay que desearlo para que nos inunde el corazón y empiece su obra de transformación. El Espíritu Santo opera un trabajo profundo que se manifiesta de dentro hacia afuera. Dios no busca generar simplemente emociones pasajeras o un impacto externo superficial; Su verdadero campo de batalla es nuestro interior. El Espíritu Santo trabaja desde las profundidades del corazón, allí donde se esconden nuestros mayores problemas, heridas y ataduras. Él es el único capaz de transformar verdaderamente el alma: corrige nuestros pensamientos alineándolos con la voluntad del Padre, santifica y transforma nuestros deseos más íntimos, y derriba los muros invisibles de la amargura y el orgullo para traer una auténtica libertad.
Esta renovación espiritual interna es tan real que resulta imposible de ocultar: la persona cuyo corazón ha sido liberado por el Espíritu Santo termina reflejando un rostro completamente diferente, iluminado por el gozo y la paz del Reino. Dios sigue obrando este milagro hoy, pero requiere de personas dispuestas a abrir sus vidas sin reservas y dejarse transformar por dentro.
Necesidad de la sed y el peligro de la sequedad
Para beber, primero debemos reconocer nuestra necesidad, nuestra sed y nuestra sequedad espiritual; como dice Mateo 5:6:
«Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados»
Nadie busca agua si no cree que la necesita. Por ello, el pastor enfatizó la necesidad urgente de una constante e individual búsqueda en cada persona que compone la iglesia, que es parte del cuerpo de Cristo. Corremos el grave peligro de acostumbrarnos a vivir desérticos por dentro, de conformarnos con la rutina e ir a la iglesia por pura costumbre. El activismo y el cumplimiento perfecto de los rituales religiosos no equivalen a tener fe; se puede estar sirviendo activamente en la obra, pero estar espiritualmente secos. Si nuestro interior está vacío, seremos incapaces de refrescar a los que nos rodean o de impactar a aquellos que aún no creen.
A veces hace falta que seamos quebrantados para correr hacia Dios y recuperar esa dependencia vital, recordando que beber de la fuente requiere una relación íntima, diaria y perseverante. Cuando anhelamos desesperadamente Su presencia, el cielo siempre responde. Dios no quiere una iglesia estancada que solo sobreviva, sino una comunidad de creyentes que rebose gozo, fe y esperanza verdadera, extendiendo ese río de agua viva para transformar familias, barrios y ciudades enteras.